Así nació la impresión 3D
Actualmente la impresión 3D es algo cotidiano y en internet podemos ver desde figuras decorativas, hasta prótesis totalmente personalizadas para personas y mascotas. ¡Es todo un mundo de posibilidades!
Pero, ¿sabías que es más antigua de lo que la mayoría de las personas cree? Por si tenías dudas, hoy las despejaremos en esta nota.
La impresión 3D ha recorrido un largo camino desde sus inicios, pero ¿cuándo fue eso? Si, como la mayoría de la gente, piensas en la impresión 3D como una nueva tecnología, te llevarás una sorpresa. Si bien es cierto que la industria ha dado grandes saltos en los últimos años, todo se basa en una base que se remonta a casi un siglo.
La idea de la impresión 3D nace en 1945, cuando el escritor de ciencia ficción Murray Leinster describió por primera vez esta tecnología con una precisión sorprendente en su cuento «Las cosas pasan». Imaginó una máquina que pudiera tomar sus dibujos y replicarlos con un brazo móvil, utilizando plástico derretido para formar objetos en 3D. Ahora solo faltaba que alguien hiciera realidad su idea.
Estas ideas tardaron un tiempo en ir más allá de la ficción, pero en 1971 tuvimos un gran avance cuando Johannes F. Gottwald presentó una patente para un extrusor de metal líquido. Imaginó que esta extrusora sería como una impresora de oficina, solo que imprimiría objetos 3D con metal en lugar de palabras con tinta.
Muy parecida a la impresión de «Modelado por Deposición Fundida» (de sus siglas en inglés FDM, «Fused Deposition Modeling»), pero lamentablemente Gottwald no pudo desarrollar esta tecnología antes de que expirara su patente, quedando esta última en nada más que ideas. Es importante acotar que esta fue la primera patente de la historia referida a la impresión 3D, como no se materializó Gottwald ha sido a menudo olvidado como uno de los padres de este tipo de tecnología.
Otro actor interesante en esta historia es David Jones, escritor de una popular columna llamada «Daedalus» en la revista New Science, escribía artículos al estilo de sátira que sugería en broma cómo podrían funcionar las tecnologías futuristas. En un artículo que escribió en 1974 describió perfectamente el proceso de la estereolitografía, una década completa antes que el desarrollador de esta tecnología Chuck Hull. Desafortunadamente para Jones nunca se le asume como padre de esta idea, ya que su sugerencia fue en tono irónico e hipotético.
Para la década de 1980 es cuando todas estas ideas de impresión 3D se hicieron realidad. La primera patente destacada de la década fue presentada por el inventor japonés Dr. Hideo Kodama en 1981. Describió su invento como un «dispositivo de creación rápida de prototipos». Más importante aún, fue la primera persona en solicitar una patente que describe un proceso de curado por rayo láser. Sin embargo, su patente nunca se procesó ya que abandonó su financiación un año después de presentarla.
El siguiente punto importante en el desarrollo de la impresión 3D fue un trío de inventores franceses que presentaron una patente en 1984. Jean-Claude André, Olivier de Witte y Alain le Méhauté, quienes eran colegas que trabajaban para la empresa de tecnología francesa Alcatel y el Centro Nacional Francés de Investigación Científica (CNRS). Siguieron el enfoque del Dr. Kodama de un «dispositivo de creación rápida de prototipos» para producir piezas complejas.
De Witte tenía experiencia previa trabajando con láseres para curar sólidos y vio esta tecnología como la mejor opción para emplear en la creación rápida de prototipos. Desafortunadamente, sus empleadores en Alcatel y el CNRS no estaban interesados en la tecnología y el trío no pudo financiar su proyecto después de solicitar la patente, lo que los obligó a abandonar la idea.
En 1984 se superaron las expectativas del famoso escritor George Orwell y resultó ser un año decisivo para la tecnología emergente de impresión 3D. Al otro lado del charco del trío francés, la Oficina de Patentes de Estados Unidos otorgó a Bill Masters la primera patente aprobada para cualquier forma de tecnología que ahora cae bajo el paraguas de la impresión 3D.
¡Dato curioso! Masters también es el inventor del kayak después de completar más de 30 patentes para su diseño. Menos divertido es el hecho de que Masters finalmente abandonó su trabajo en la impresión 3D (después de producir una máquina funcional a principios de la década de 1990) para concentrarse en su creciente negocio de kayaks.
Aquí es donde entra Charles «Chuck» Hull, el padre de la impresión 3D. En 1984 presentó una patente para un sistema de estereolitografía, solo tres semanas después de que el trío en Francia solicitara el suyo. La idea de Hull era utilizar las lámparas UV de su empresa para curar la resina fotosensible capa por capa para crear pequeñas piezas personalizadas.
Su patente fue aprobada en 1986 y fundó su propia empresa: 3D Systems. Dos años más tarde, lanzaron la innovadora primera impresora 3D comercialmente disponible, la SLA-1, en 1988. Más allá de la espectacular máquina en sí, Hull también desarrolló el formato de archivo STL y el proceso de corte digital que siguen siendo cruciales para la industria de la impresión 3D hasta el día de hoy.
Después del gran aporte de Chuck, este tipo de tecnologías han tenido un desarrollo abismal del que te hablaremos en otra nota.
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